El balanceo de ruedas es una operación que debe efectuarse siempre que se monte un neumático en una llanta. Esto se debe a que los neumáticos no quedan perfectamente balanceados al final de su proceso de fabricación; es decir, puede que pesen un gramo más en una parte que en otra, e incluso la misma válvula del neumático va a influir con un desequilibrio de algunos gramos hacia un punto específico. Si pudiéramos colocar la rueda en el aire, ésta siempre tendería a girar sola, hasta quedar con la válvula hacia abajo.

Estos inocentes gramos de más, localizados en algún punto, van a llegar a convertirse en kilos cuando la rueda gire, por efecto de la fuerza centrífuga. Mientras más rápido lo haga, mayor será el peso del desequilibrio, creando un efecto de fuerte vibración sobre el volante y carrocería del vehículo, lo cual aumenta con la velocidad, haciendo muchas veces imposible la conducción.

Para solucionar esto es necesario contrapesar el neumático con un peso igual al que está de más, y situarlo en el extremo opuesto. La operación se realiza en una máquina especial, en la cual se monta el neumático, se lo hace girar y en unos cuantos segundos ella indica el lugar exacto donde se debe fijar el contrapeso y de cuántos gramos debe ser. En las llantas de acero estampado, el contrapeso (de plomo) se fija entre la pestaña del neumático y el borde de la llanta, y en las de aleación tiene que ser autoadhesivo.

Esta es una operación de rutina y bajo costo, pero es imperativo que se efectúe cada vez que que un neumático deba ser montado en su llanta. En Chile todavía queda la mala costumbre de que, cuando se repara un neumático pinchado, se monta sin balancearlo.

Algunos “maestros” de talleres artesanales realizan una marca en la llanta y neumático para después tratar de que coincidan y así no perder el balanceo.




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