Mi padre nunca fue propietario de un automóvil, pero hubo algunos autos que, a través de las fotos y el relato que me hizo cuando yo era niño, quedaron grabados para siempre en mi memoria como "Los autos de papá".


Perdí a mi padre siendo muy joven. Tenía yo 21 años y según mis sentimientos, fue en el momento en que más necesitaba de su compañía y consejos para enfrentar la vida. Lo perdí cuando recién empezaba a perderle el miedo, a mirarlo con respeto. Es decir, cuando iba dejando de ser "el viejo pelo#&$/ que no entiende nada", para convertirse en el hombre que había dado todo para que yo me forjara un futuro mejor.


Mi padre emigró a Chile, desde su Alemania natal, en el periodo entre las dos guerras. Los motivos que lo hicieron abandonar su patria fueron varios. Era el menor de 4 hermanos y los 3 mayores ya habían dejado el hogar dirigiéndose a Chile y Estados Unidos. Mi padre había quedado solo en un hogar donde era maltratado por su madrastra. Además, no profesaba el nazismo, ideología política en boga en esos momentos que envenenaba a la juventud alemana. Su situación económica, además, no era buena, su capital estaba cerca de los 20. Todo lo anterior se conjugó para aceptar la invitación de sus dos hermanos mayores a unirse a ellos en Argentina. Entre los 3 armaron la sociedad "Herrería de Obra Breitling Hnos." instalándose en la santafecina ciudad de Esperanza.


Una vez construida e instalada la herrería, la sociedad decidió comprar un auto, adquiriendo un Fiat, Modelo 520, creo, el que fuera, según mi padre, el mejor que hubiera manejado en su vida.


Al Fiat lo utilizaban los 3 hermanos, Fritz, Otto y Erwin (mi papá), uno cada fin de semana.


Sobrevino la segunda guerra y conseguir repuestos para el Fiat se había convertido en un verdadero dilema, sobre todo por las cubiertas. Por esta razón el taller decidió deshacerse del Fiat por unas monedas y comprar otro auto con el que nunca tendría problemas de repuestos. Se trataba del Ford A. Nunca supe a quien le vendieron el Fiat, pero… ¡Como me gustaría recuperarlo!


Por último, la otra foto es del auto que mi padre más admiraba, hablándome siempre maravillas tanto de la máquina como de su propietario. Siendo chico, solía contarme las maravillas que hacia este corredor Alemán (en realidad Austriaco) con su gran Mercedes. En una ocasión mi padre pudo ver el auto personalmente... era, nada menos, que el "ómnibus" de Carlos Zatuszek.


A la distancia, ya pasados los años, estas fotos amarillas son, tal vez, el testimonio fiel del por qué de mi pertenencia a CAdeAA , mi gusto por los antiguos y justifiquen la tenencia de mi Vikinga, una Ford A, misma marca y modelo de uno de los autos que tuviera mi padre. ¿Coincidencia?